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Ese monólogo llamado oración...


Señor, quiero decirte que mis necesidades son muchas. Quiero decirte que lo que te pedí hace un mes, no lo he recibido. Sí recibí la salud de la garganta, gracias, pero no he podido cambiar de auto. Tampoco he podido comprar el celular nuevo que tanto me hace falta.

Pero no te preocupes, puedo esperar otros ocho días.

¡Ah! Se me olvidaba. Me dijeron en el trabajo que va a haber recorte de personal. Señor, tu sabes que yo trabajo mucho. Bueno, a veces me hago tonto pero es sólo para descansar, lo entiendes ¿verdad? Entonces, te pido que no me despidan. Que despidan a mi compañero de al lado, que siempre se queda dormido.

(Ahora sí tengo que ir a la reunión de oración. Seguro allí entre todos convencemos al Señor para que no me corran del trabajo, porque, soy su hijo, ¿qué no?)


No, este no es un monólogo inventado del todo. Seamos honestos. ¿Cuantas veces hemos orado por trivialidades (y por cosas importantes) pidiéndole a Dios que "haga su voluntad", siempre y cuando su voluntad sea la nuestra?

Hemos sido enseñados mal con respecto de la oración. O quizás hemos "aprendido mal" y a nuestra conveniencia. Siempre que oramos, muchos de nosotros hablamos y hablamos y hablamos y pedimos y pedimos y pedimos y en algún momento, agradecemos. Pero olvidamos que todo, y lo enfatizo, todo es para Dios; para su honra y gloria. Incluso nuestras peticiones. ¡Sí, nuestras peticiones deben hacerse para su gloria! ¿No te lo habían dicho?

Y no, la oración no es un monólogo. Es una conversación porque siempre hay una respuesta del Señor. Lo que sucede es que estamos tan ocupados hablando, que dejamos de escuchar.

Te comparto un estudio acerca de la oración con Paul Washer. Es muy interesante y está subtitulado. Puedes verlo aquí.

Comentarios

David López-Cepero ha dicho que…
Hola tocayo ¿Sabes? es interesante lo que comentas... Yo entendí por muchos años la oración como la describes, quizás es lo que me enseñaron, pero hace tiempo que dejé de ver la oración como un monólogo; ahora es una conversación, con lenguaje sencillo, y a veces sin peticiones, otras veces con silencio... La religiosidad nos enseñó una cosa, pero la comunión íntima de Dios es con los que le temen, los que le respetan, los que le veneran.

Un abrazo
... y con los que verdaderamente son sus hijos.

Digo: ¡Amén!

Gracias por peregrinar por estos lares, tocayo.

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