Reconocer la bendición que son y honrarlas como Dios espera, en su día y todos los días del año. Cada 10 de mayo, México hace un alto para celebrar a las madres. Hay flores, mariachi, comida, fotografías. Y está bien. Hay razones para hacerlo. Pero detrás de ese bullicio festivo se esconde algo más profundo: una verdad que la cultura puede aplaudir un día y olvidar los demás. Las mamás no son solamente figuras afectivas dentro del hogar. Son un regalo de Dios. Cuando el apóstol Pablo le escribe a Timoteo, le recuerda algo aparentemente sencillo: "trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también" (2 Timoteo 1:5). Aquí no hay un sermón explícito, sino un dato que ilumina toda una historia. La fe genuina de Timoteo —ese joven que llegó a ser uno de los colaboradores más cercanos del apóstol— tuvo un nombre y rostro materno antes de tener un púlpito. Eunice no fue una nota al...
¡Ya Levántate!
No importa dónde ni cómo estés... ¡Es hora de levantarse!
Un blog de Ministerios Jesús 24x7® / David Alberto Franco