Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño;
porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.
Romanos 13:11

Un blog de Ministerios Jesús 24x7®

sábado, 27 de septiembre de 2008

¡Respalda tu Blog! - Versión extendida

Hablando de la seguridad de tu información, específicamente de los artículos publicados en tu blog, es importante que hoy, después de lo que hemos vivido con el asunto de "Es Hora de Ser Real", tomemos algunas precauciones.

Originalmente había publicado un artículo con tips sencillos para respaldar un blog (principalmente de Blogger) pero a sugerencia de Dolly, publiqué una extensión al tema, que incluye a Wordpress y otros servicios de blog.

Espero que te sea útil, pues en estos días, no se sabe cuando "desaparecerán" las letras de tus publicaciones.

Lee el artículo completo aquí.

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jueves, 25 de septiembre de 2008

Ese monólogo llamado oración...


Señor, quiero decirte que mis necesidades son muchas. Quiero decirte que lo que te pedí hace un mes, no lo he recibido. Sí recibí la salud de la garganta, gracias, pero no he podido cambiar de auto. Tampoco he podido comprar el celular nuevo que tanto me hace falta.

Pero no te preocupes, puedo esperar otros ocho días.

¡Ah! Se me olvidaba. Me dijeron en el trabajo que va a haber recorte de personal. Señor, tu sabes que yo trabajo mucho. Bueno, a veces me hago tonto pero es sólo para descansar, lo entiendes ¿verdad? Entonces, te pido que no me despidan. Que despidan a mi compañero de al lado, que siempre se queda dormido.

(Ahora sí tengo que ir a la reunión de oración. Seguro allí entre todos convencemos al Señor para que no me corran del trabajo, porque, soy su hijo, ¿qué no?)


No, este no es un monólogo inventado del todo. Seamos honestos. ¿Cuantas veces hemos orado por trivialidades (y por cosas importantes) pidiéndole a Dios que "haga su voluntad", siempre y cuando su voluntad sea la nuestra?

Hemos sido enseñados mal con respecto de la oración. O quizás hemos "aprendido mal" y a nuestra conveniencia. Siempre que oramos, muchos de nosotros hablamos y hablamos y hablamos y pedimos y pedimos y pedimos y en algún momento, agradecemos. Pero olvidamos que todo, y lo enfatizo, todo es para Dios; para su honra y gloria. Incluso nuestras peticiones. ¡Sí, nuestras peticiones deben hacerse para su gloria! ¿No te lo habían dicho?

Y no, la oración no es un monólogo. Es una conversación porque siempre hay una respuesta del Señor. Lo que sucede es que estamos tan ocupados hablando, que dejamos de escuchar.

Te comparto un estudio acerca de la oración con Paul Washer. Es muy interesante y está subtitulado. Puedes verlo aquí.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Debajo del escritorio

Por David Franco
4/Abr/2008
En memoria de mi amigo Carlos Trujeque Martinez
(Publicado originalmente en AsíPienso.Org el 8 de abril de 2008)



—Estaba en el trabajo. Nunca, nunca llego tan temprano, pero supe que todos los de noticieros llegarían antes de lo de costumbre, así que la chamba iba a ponerse buena.

Seguramente Toño y Raúl me buscarían primero, o al menos eso pensé. Nunca me imaginé que Don Guillermo tuviera tanta prisa y es que ya iba a iniciar su noticiero matutino. Chava y los dos Migueles llegan siempre después de las siete, así que supe que tendría tiempo suficiente para atenderlos.

En fin que terminé con Don Guillermo y corrí al edificio de Río de la Loza a buscar a Memo, que debía haber llegado para ese momento y…

—¿Ya escuchaste?

—No me interrumpas. Te decía que llegué a su oficina.

—Te digo que se escucha un sonido como de martillo.

—Claro, sí, sí, lo que digas. Por cierto, desde aquí veo todos los chicles que Memo ha dejado debajo, Ja, ja, ja. ¡Nunca me lo hubiera imaginado! Uno rosa, uno verde, uno… ¡cof! ¡cof! ¡cof! Maldito polvo, siempre me hace toser.

—Se oye más cerca, ¿lo oyes?

—Cuando llegué a la oficina de Memo, te decía, me sentí mareado y pensé que me había excedido la noche anterior, ya sabes, estuvimos aquí hasta las diez de la noche y me tome un par de cervezas con los muchachos de “Videotape”. Además me levanté como a las cuatro para llegar acá a las seis.

Todo fue muy rápido y cuando escuche un crujir espantoso que parecía que algo arrancaba el techo, lo único que se me ocurrió fue meterme debajo del escritorio de Memo; lo bueno es que es metálico y fuertote, ya lo comprobé. Lo siguiente que supe fue que alguien me quitó el piso, ¿ves? por eso estoy todo chueco y las patas del escritorio me están aplastando la pierna derecha. Todo se puso negro pero es que se fue la luz y hubo mucho polvo; creo que duró dos horas completas y yo, tose y tose, creí que me ahogaba.

—¡Están golpeando justo aquí! ¿Sientes?

—¿Qué? Ah, sí, es verdad…

—¿”Vaguen”?

—Sí, estoy aquí, bajo el escritorio…

—¿Y con quien hablas? ¿Están bien los dos?

—¿Cómo que con quien hablo? ¡No hay nadie más! ¡¿No ves que todos llegan tarde?!

—No tienes idea "Vaguen"… ¡Volviste a nacer!

—Y qué, ¿ahora vas a decirme que tú eres mi papá? ¡Chale papá!

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La semana pasada pasé frente a Televisa caminando y pude reconocer un rostro detrás de un anaquel de dulces, en un puesto de lámina sobre la banqueta de Arcos de Belén. Era el “Vaguen". Cuando en aquel 19 de septiembre de 1985 la Ciudad de México colapsó por un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter (bueno, solo una parte del Centro, Colonia Roma y otros lugares alrededor de estas áreas), el edificio de Televisa Chapultepec, arrastrado por una antena de 30 metros de alto y varias toneladas de peso, cayó sobre la avenida Doctor Río de la Loza y cobró la vida de varios de mis compañeros de trabajo.


Algunos alcanzaron a salir justo a tiempo. Otros tuvimos la bendición de Dios de estar de vacaciones y unos pocos vivieron el milagro de sobrevivir enconchados en rincones y debajo de escritorios, atrapados entre los escombros. El “Vaguen” fue uno de ellos.

Tuve la intención de saludarlo, pero estoy totalmente seguro de que no me recuerda. En aquel entonces era yo un trabajador temporal, miembro de la "tropa" y nunca tuve la necesidad de que me boleara los zapatos. El “Vaguen” era el “bolero oficial” de Noticieros y Eventos Especiales y Deportivos.

Tengo que verlo una vez más para decirle lo afortunado que es. Haber “vuelto a nacer” lo califica para “nacer de nuevo". Se lo voy a decir.
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La gloria ¿a quién?


Muchas veces se nos olvida quién es el autor y sustentador de todo lo que existe. Autor de nuestra vida y de nuestros talentos. Autor y consumador de la fe: Cristo Jesús.

Llegamos a pensar que somos nosotros los que contamos y los que somos importantes. En verdad la sociedad, la cultura y esta era "posmodernista" nos bombardea con la idea de que el centro de todo somos nosotros y que, fuera de uno mismo, la importancia de otras personas y de cualquier otro ser (Dios mismo) es relativa porque, nada es más urgente que satisfacer las propias necesidades de placer y bienestar aquí y ahora.

Lee el artículo completo aquí.

viernes, 12 de septiembre de 2008

El hombre y el pecado

Qué importante es entender nuestra verdadera condición delante de Dios, tener el concepto correcto de nuestra naturaleza como seres humanos. Igual de importante es estar conscientes de nuestra responsabilidad de enseñar y predicar esta verdad. Jesús vino "a buscar y a salvar lo que se había perdido" muriendo en la cruz del calvario, no a dar lecciones de autoayuda y prosperidad. Y debemos reconocer que todos somos pecadores.


Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.
Génesis 6:5 (énfasis añadido)

Paul Washer nos habla acerca del hombre y el pecado. Como siempre, nuestro hermano Washer es muy directo, muy concreto y totalmente bíblico. Vale la pena dedicarle tiempo para escuchar esta plática; estoy seguro de que será de bendición para tu vida y tu ministerio como lo ha sido para nostoros.


EDICIÓN (19-Sep-2008): El video tiene una duración de aproximadamente una hora con veintinueve minutos, por lo que te recomiendo que lo veas en algún momento del día en que puedas disponer de ese tiempo. Otra opción es que lo veas por partes. Una tercera alternativa es que lo bajes a tu computadora (lo cual es muy fácil si tienes RealPlayer) y lo veas en algún otro momento, aún sin estar conectado.



martes, 9 de septiembre de 2008

Fast Food: La reflexión

[Te recomiendo que leas primero "Fast Food" (la alegoría) ya que "Fast Food: La reflexión" es su complemento.]

Es difícil.
Es difícil y triste.
Es difícil, triste y desafortunadamente, generalizado.
No sé tu, pero yo lo he visto ocurrir en mi iglesia y en otras iglesias. Lo he visto suceder en mi familia y en otras familias allegadas a la nuestra. Lo he visto suceder en mi propia vida, en algún momento del pasado.



Y es que, si bien es cierto que en algunas iglesias se está dando el fenómeno del Evangelio "light", la Doctrina "baja en calorías" y la Enseñanza "dietética", la responsabilidad es bilateral. Por eso hoy, hoy no voy a hablar de la responsabilidad de los que están del lado del púlpito y la pizarra.


Hoy voy a hablar de ti y voy a ha hablar de .


Fast track o Vía rápida a la nutrición espiritual


Llega el domingo y lo que hacemos es correr, como si compitiéramos en los 400 metros en los Juegos Olímpicos, para recibir nuestra ración semanal de exhortaciones, enseñanzas y prédicas (y si son al estilo "talk show" o "Alex Dey" mejor, para no aburrirnos). Nos urge que no haya anuncios. Nos urge que los cantos sean ligeros y rítmicos para no dormirnos. Nos urge que las oraciones no sean tan largas para que no se alargue el culto. Nos urge que quien presente la homilía sea nuestro predicador favorito. Y nos urgen tantas cosas y andamos tan a las carreras y con la disposición tan baja y la atención tan dispersa, que no importa lo que se diga en la clase de Escuela Dominical o en la predicación del mediodía. Si se oye bien, la pedrada no nos dio, le queda bien el saco al vecino y, como valor agregado, se mencionaron textos bíblicos pues entonces debe ser cierto porque ¿quién mentiría desde el púlpito usando la Biblia? ¿Se equivocaría el hermano "fulanito" siendo que lleva 20 años predicando? ¿Fallaría alguna vez alguno de los que predican y enseñan en nuestra iglesia? ¿Diría algo impropio el hermano invitado a presentar la enseñanza dominical? No, no y no. O tal vez sí, pero en el mejor de los casos, lo comentamos con quien está a nuestro lado y dejamos que pase.

Cuando digo que la responsabilidad es bilateral, lo digo en serio. Tanto los hermanos que han recibido el llamado a la enseñanza y la predicación como los que no, debemos ser responsables de lo que decimos y enseñamos y de lo que escuchamos y aprendemos. No me malinterpretes. No estoy diciendo que critiquemos a diestra y a siniestra. No estoy diciendo que armemos una revolución (al menos no de inmediato). Lo que estoy diciendo es que tenemos la responsabilidad y el privilegio de verificar que lo que se nos dice está escrito en la Biblia y que no se trata de pensamientos y filosofías de quien esta hablando.


Examinar y retener


Imagínate que Pablo y Silas llegaran a tu iglesia. Seguramente sería un gran acontecimiento y todo mundo haría una fila impresionante desde temprano para sentarse en las primeras bancas para “estar más cerca” de estos dos gigantes de la fe. Piensa en las grandes enseñanzas que presentarían ese domingo. Los ejemplos, las metáforas, las anécdotas, la doctrina. Todo perfecto. Más que perfecto. Todos saldríamos de allí notoriamente vivificados y con una fe renovada ¿cierto? Al parecer así sería. ¿Habría alguien capaz de impugnar cosa alguna con respecto de la predicación de estos hombres? Nadie. Imposible pensar que en algo se hubieran equivocado.

Pero ¿que crees? Hubo unos hermanos que escucharon gustosos las prédicas y enseñanzas de estos dos hombres de Dios. Los escucharon y aprendieron. Los escucharon y seguramente pusieron en práctica las enseñanzas que recibieron. Pero antes... Antes buscaron en las Escrituras. Revisaron que aquello que Pablo y Silas les dijeron estuviera respaldado por la Palabra de Dios (Hechos 17:11). Ellos pusieron en práctica aquello de “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). ¿Y que es lo bueno sino lo que Dios respalda y que podemos encontrar en la Biblia?

No significa que retengamos “lo que nos parezca bueno”. No significa que retengamos lo que “todos” dicen que es bueno. Significa lo que ya dije: retener lo que la Biblia, y por ende Dios, respalda. Lo que es explícitamente su voluntad. Los hermanos de Berea tenían este entendimiento y lo pusieron en práctica. ¿Y nosotros? Nosotros, como sociedad cristiana moderna al parecer estamos olvidado esto que la Biblia nos indica.

Pero el pasaje de 1 de Tesalonicenses no solo dice que examinemos todo. Hay que leer los versículos previos:

17 Orad sin cesar.

18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

19 No apaguéis al Espíritu.

20 No menospreciéis las profecías.

21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

22 Absteneos de toda especie de mal.



Antes de poder siquiera intentar examinar cosa alguna, dice Pablo que debemos establecer una relación estrecha con nuestro Señor: hablar con Dios constantemente, ser agradecidos con Él siempre, escuchar y no contristar al Espíritu Santo, apreciar las Escrituras y creer en ellas y después, sólo después estaremos preparados para examinarlo todo y podremos así, basados en este conocimiento personal de nuestro Dios, en esta relación cercana con Él y en el conocimiento de su voluntad expresada en su palabra, retener lo bueno. ¿Recuerdas lo que Pablo decía en Romanos 7:19?

Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

Entonces, el saber retener lo bueno no es un asunto para sentirnos orgullosos por ser tan inteligentes o para sentirnos superiores a otros. El conocer y retener lo bueno debe servirnos para abstenernos del mal que aunque no queramos, estamos siempre propensos a hacer (y lo hacemos).

Así que no es en automático que nosotros hacemos lo bueno y mucho menos, que nuestros corazones y mentes "seleccionan" y "retienen" lo bueno. Hay un proceso previo para adquirir ese tipo de sabiduría y de inteligencia espiritual (Colosenses 1:9) y ya lo hemos mencionado arriba: una relación real y constante con nuestro Dios que da como resultado una vida de santidad y de conocimiento de su voluntad.


Despacio que llevo prisa


Hoy, la modernidad (¿o debería decir, "posmodernidad"?) nos empuja a buscar la inmediatez en la satisfacción de las necesidades, en la consecución de los objetivos, en la obtención de las soluciones, en la diversión, en las relaciones interpersonales y hasta en la alimentación de nuestros cuerpos. Lo triste y peligroso es que esta forma de vida se ha infiltrado en la iglesia y también estamos buscando la inmediatez en nuestra alimentación espiritual.

No existe una relación directa entre el número de asistentes o miembros de una iglesia y la calidad de la "alimentación" que las personas buscamos. Tampoco hay una relación directa entre el número de horas que se pasa en el templo o con la iglesia y la intención del corazón respecto de la búsqueda de la voluntad de Dios. La inmediatez, aunque se refiere a la cercanía o a un periodo de tiempo breve, también tiene que ver con la facilidad y comodidad que se buscan para evitar cualquier tipo de incomodidad, problema, riesgo o sufrimiento.

Pero ¿qué dice la Biblia con respecto de nuestra alimentación espiritual? Pedro en su primera carta, en el capítulo 2, versículo 2 dice: "desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación".

Alguien podrá decir: "Pero David, un niño recién nacido busca que se le alimente inmediatamente ¿que no refuerza esto lo que estamos viviendo hoy en día?". No, de ninguna manera. Lo que Pedro está diciendo es que debemos desear el alimento espiritual como niños recién nacidos. Debemos buscar ese alimento como si de ello dependiera nuestra vida (y de ello depende, créeme). Dice también que ese deseo debe ser por la "leche espiritual no adulterada" lo cual involucra el conocimiento de lo que es una leche real, completa y sana y de lo que es una leche adulterada, diluida con el agua del engañador.

Nunca podremos encontrar la leche no adulterada, el alimento realmente sano y completo si no lo procuramos diligentemente. La comida rápida (fast food) no entra en el esquema de alimentación que Dios tenía previsto para nuestro espíritu. Es necesario que el alimento espiritual que recibimos no sólo provenga de las dos horas que pasamos el domingo en el templo. La oración diaria y constante, la lectura diaria de las Escrituras y el tiempo devocional diario son parte de esa alimentación que Dios tiene en mente para ti y para mí.

Tengamos en cuenta algo muy, muy importante. Nosotros estamos, de alguna manera, estableciendo las bases para los más pequeños, en edad y espiritualmente hablando. Si estas bases se encuentran ya diluidas, mañana cuando ellos crezcan, estas bases se diluirán cada vez más y sucederá así con cada nueva generación, hasta llegar a los extremos que en Fast Food - Una alegoría, se narraron a manera de historia en donde todo y cualquier cosa, son lo mismo. Sólo que esta vez no será un cuento. Esta vez será real y será real en la vida de nuestros descendientes. ¿Acaso esto es lo que queremos? ¿Es esto lo que Dios desea para su pueblo?

Entonces ¿cómo buscar el alimento espiritual y la presencia de Dios en estos tiempos acelerados del siglo XXI? La respuesta es sencilla. Como siempre se hizo en el pasado y se hará en el futuro: con un deseo vehemente por el alimento no adulterado (1 Pedro 2:2) y con una sed desesperada por la presencia de Dios.



Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;

¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

Salmo 42:2

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domingo, 7 de septiembre de 2008

¿Llamamiento o Llamo-y-miento?


Escuché un sermón, no hace mucho tiempo, en el que el predicador hablaba de que los que estábamos allí podríamos estar viviendo en pecado. Pensé: "Bien, es una buena exhortación para que nos examinemos" pero casi inmediatamente dijo algo que me desconcertó. Dijo algo como: "Yo no te voy a decir si eres pecador o si vives en pecado; eso lo decides tú" y procedió a hacer un llamamiento para que los asistentes al culto aceptaran a Jesús como salvador.

Es interesante como en ocasiones queremos ser muy "diplomáticos" para no "ofender" a las personas y para que no pierdan la "oportunidad" de aceptar a Jesús, por lo que hacemos todo lo posible por suavizar el tema del pecado y la condenación. No comprendemos que lo único que estamos haciendo es predicándoles un Evangelio trunco.

El enfermo sólo entiende su necesidad de medicina hasta que se entera de que está enfermo. De la misma forma, un pecador sólo comprende su necesidad de ser salvado hasta que entiende que está perdido. Jesús no vino a morir en la cruz del calvario para darte prosperidad económica o para que tus relaciones humanas fueran las óptimas o para que surgiera el "campeón" que llevas dentro. Si bien es cierto que por su misericordia puede darnos bendiciones como las que he mencionado, lo que nos debe quedar claro es que su muerte fue para "salvar lo que se había perdido" y junto con ello, para darnos "vida en abundancia" (Lucas 19:10, Juan 10:10). ¿Difícil de digerir? Tal vez, pero vayamos por partes y revisando las Escrituras.


Diplomacia Vs. Cortesía sincera


Según la Real Academia Española, Diplomacia es, en su acepción cuatro:


4. f. coloq. Habilidad, sagacidad y disimulo.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados


¿Es correcto disimular que la condición pecaminosa del hombre es algo de gravedad? ¿Qué dice la Palabra de Dios al respecto?


Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; (Romanos 3:10)

por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23)

Porque la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23a)


Imaginemos que alguien está caminando con los ojos vendados directamente hacia un precipicio. Nosotros lo vemos y sabemos que va directo a su muerte. Es más, está a tan solo diez pasos del borde. Entonces nos acercamos y le decimos: "¿Sabes? A veces la gente se dirige hacia lugares que no desearía ir. No que tu vayas en una dirección equivocada, no, pero quizás el camino que has escogido no es muy seguro. Realmente tú tienes que decidir eso. Bueno, eso es lo que te quería decir. Hasta luego". ¡Vaya que hemos sido útiles! ¿No lo crees?



Vuelve a imaginar la misma escena. Ahora nos acercamos y le decimos: "Oye amigo, estás caminando a ciegas porque llevas una venda en los ojos y además, vas en dirección a un precipicio ¡¡¡detente!!! Permíteme quitarte la venda de los ojos y mostrarte hacia donde te diriges. ¿Lo ves? Necesitas caminar sin vendas y en dirección opuesta. Eso salvará tu vida".


Claro, podría no escucharnos o enojarse o sentirse agredido porque le hemos dicho la verdad. Pero decir las cosas como son es importante. Los tres versículos que mencioné arriba son eso: decirle a la gente que va caminando con una venda y que se dirige a un precipicio. Y es que, tienen que saber lo que dice Apocalipsis 20:15:


Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.


Así que NO es su decisión ni nuestra si somos o no pecadores. SOMOS. Y vaya que lo somos pues lo dice Dios. Decirle a la gente cuál es su condición y su destino sin Cristo es una cortesía sincera y no un asunto de diplomacia política.


Creer y Orar Vs. Arrepentimiento, Fe y Confesión


Otro asunto es que hoy en día, muchos cristianos hablan de la salvación como un tema de creer; creer y hacer una oración. Si bien estos son dos ingredientes necesarios, decir que sólo se requiere creer y orar es, nuevamente, un Evangelio trunco.


Creer es necesario pero no lo es todo. ¿Recuerdas lo que dice Santiago 2:19?


Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.


¿Y el asunto de la oración para aceptar a Jesús? Bueno, aceptar a Jesús es totalmente necesario, sin embargo, es imposible aceptarle verdaderamente sin antes haber pasado por un proceso previo. No es sólo creer y aceptar. Fíjate que fue lo primero que Jesús comenzó a predicar.


Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. (Mateo 4:17)

y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. (Lucas 24:47)


Mateo registra que lo primero que Jesús comenzó a predicar fue el arrepentimiento y Lucas registra que una de las últimas cosas que Jesús ordenó, fue que se predicase el arrepentimiento. Y el arrepentirse, en este contexto, significa sentir pesar por desobedecer a Dios, por ser pecadores y cambiar de opinión y de rumbo. Es dirigirnos hacia Dios y darle la espalda al pecado. Luego, poner nuestra fe en Jesús es indispensable. Y esto es creer que Jesús es el Hijo de Dios, Dios mismo hecho carne que vino a este mundo y vivió una vida perfecta sin pecado. Que murió en la cruz del calvario para justificarnos delante del Padre, pagando el precio que nuestros pecados merecían. Que resucitó al tercer día y ascendió al cielo en donde ahora se encuentra a la diestra del Padre. (Ver Mateo 28 y Marcos 16)


Pero es necesario un elemento más.


que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;

porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. (Romanos 10:9-13)


Ahora sí, es el momento de decirle a Dios que creemos con todo nuestro corazón que Jesús murió por nosotros y que resucitó al tercer día y que deseamos confesarlo abiertamente, que nos arrepentimos de nuestros pecados, que creemos en Jesús como el único que puede salvarnos y que le confesamos como nuestro Señor, como nuestro Salvador, único, suficiente y personal. Este es el momento de esa oración/confesión.




¿Y la evidencia?


Si todo lo anterior ha sido comprendido y ha sido creído y aceptado con sinceridad (lo cual ocurre como obra del Espíritu Santo en el corazón del pecador), es importante también saber que hay evidencias de esto. Es necesario caminar como hijos de Dios buscando agradarle, buscando relacionarnos día a día con Él y viviendo lejos del pecado. El mismo Jesús nos lo dijo:



14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

20 Así que, por sus frutos los conoceréis.

21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

(Mateo 7: 14, 17-21)


Así que el llamamiento es al arrepentimiento. Pero no hay arrepentimiento sin la conciencia de que somos pecadores y que merecemos la muerte eterna, el infierno.


La próxima vez que sientas el impulso por "suavizar" tus palabras cuando estés hablándole a alguien del evangelio, sólo recuerda que Jesús comenzó predicando el arrepentimiento y sus discípulos eran directos en el tema del pecado y la condenación. Y es que como humanos, es imposible que comprendamos nuestra necesidad de ser salvados si no nos sabemos perdidos y condenados.
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jueves, 4 de septiembre de 2008

Fast food

Una alegoría de la alimentación espiritual a través de las generaciones
Por David Franco

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Queremos alimentarnos sanamente pero "rapidito" y "facilito". Queremos ir al McRoman's y pedir un mactrio "Paulino" que entre rápido por la boca, viaje veloz por el esófago y caiga inmediatamente al estómago para que "prontito" haga digestión, nos proporcione algunas vitaminas y proteínas y nos deje una sensación ligera, de buena digestión.



O queremos ir al KFC (Kibsaim, Filipos & Corinto Restaurant) y ordenar un rico combo familiar "Santiagueño", un combo que nos quite el hambre y que sepa rico,
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que no nos deje sensación de pesadez y que no nos deje con un sentimiento de culpa. Queremos salir de allí como atletas olímpicos después de haber ingerido una comida macrobiótica.

Claro, si el menú incluye platillos light y bajos en calorías ¿qué más se le puede pedir a la vida?

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¡Ah! Y por supuesto, si el restaurante cuenta con "Drive Thru" o si se puede ordenar por Internet ¡mejor! No tendremos que perder taaanto tiempo. Podemos quedarnos en casa y disfrutar de un descanso bien merecido. Eso sí, iremos sólo una vez a la semana para no gastar mucho (todo cuesta) y para no engordar.

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¿Y los niños? Bueeeno, los niños prefieren jugar en vez de comer. Si hay área de juegos, pues que jueguen. Ahí les damos una cajita de las que traen un pedazo de quien-sabe-que-cosa para que no se desmayen del hambre, al fin y al cabo,
lo que acaban aprovechando es el juguete, no el alimento. Da igual, siempre le dan tres mordidas y con treparse a las resbaladillas se dan por bien servidos. Se les olvida que tienen que comer, pero no pasa nada. Ya comerán algún día.

Es tanta la prisa por descansar, que ni nos fijamos qué cosa estamos comiendo y si nos estamos alimentando realmente.

Pasan las semanas. Pasan los meses. Pasan los años y un día nos levantamos y nos miramos al espejo...

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La gordura (por desnutrición y exceso de grasa en lo que comimos durante años) no se puede ocultar más. Ahí está la panza, la lonja y el no poder subir escaleras ni correr una cuadra sin sentir que nos infartamos. Ahí está el desgano, la flojera, la ausencia de ánimo y fuerzas. Y empezamos a culpar al trabajo, al trajín de la vida, a los hijos, a los padres, a la esposa o al esposo, al trabajo, a la comida y a los restaurantes...

Y de repente, como inspirados por una luz que se enciende muy en el interior de nuestra mente, nos damos cuenta de que ha sido nuestra alimentación. ¡Han sido los lugares que frecuentamos! Tenemos que cambiar. Decidimos cambiar. ¡Sí señor! ¡Cambiaremos! Hoy es el día. Así que ya no más McRoman's, no más KFC. ¡Seremos libres al fin!



Saldremos con toda la familia a una nueva aventura culinaria. Una nueva y renovada visión de la nutrición. Dejaremos atrás lo que nos causó daño y buscaremos la verdadera felicidad alimenticia. A partir de hoy, comeremos en Sportortas Judas o mejor aún, en Mundo King.

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* * *

«Queremos alimentarnos sanamente pero "rapidito" y "facilito" decían en mi casa por eso vamos siempre a Mundo King».

Mis padres me comenzaron a llevar allí hace muchos años... Pero necesito algo más, algo diferente, algo extremo... Aunque, pensándolo bien ¿importa acaso el lugar a donde vaya a comer? Todo es lo mismo ¿qué no?

¿Nutrición? ¡Vamos, qué tontería! ¿No es toda la comida igual? Eso me enseñaron mis padres. Eso dicen en la televisión. Eso dicen en Internet. Eso dicen mis amigos. Eso digo yo.

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[Puedes leer "Fast Food - La Reflexión" que complementa a esta alegoría]
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martes, 2 de septiembre de 2008

Impactando o Integrando - 2a parte


[Puedes leer la primera parte aquí]


Hay un poema de Salvador Díaz Mirón que dice en uno de sus versos:

Hay plumajes que cruzan el pantano
y no se manchan... ¡Mi plumaje es de
ésos!



Claro que no se refería a la vida del cristiano, pero bien podría tomarse como una metáfora del diario caminar de los hijos de Dios. O más bien, debería poderse tomar así. Me explico. Cuando leemos en el Evangelio según San Juan capítulo 17, que Jesús oró por sus discipulos, nos encontramos con algunos datos interesantes que hoy en día algunos movimientos pseudocristianos pasan por alto de manera intencional o bien, los acomodan a su gusto y conveniencia.

Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. (v. 11, énfasis añadido)





Jesús dice, explícitamente, que estamos en el mundo y no sólo se refiere al mundo físico, al planeta tierra, sino que se refiere también al mundo como género humano, es decir, toda la humanidad: hombres y mujeres, creyentes y no creyentes. Así que no somos llamados a apartarnos geográficamente del resto de la población mundial; esto es claro.

No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. (v. 15, énfasis añadido)

De hecho, Jesús le pide al Padre que NO nos quite del mundo. ¿Cómo podríamos cumplir la tarea que más adelante, justo antes de su ascención, nos encomendó? ¿Cómo ser testigos suyos en todo lugar y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8)?


Ser y estar. Estar y no ser.

Para impactar a la sociedad, a nuestra comunidad, debemos estar en el mundo. Pero ¡cuidado! No nos confundamos. Una cosa es "estar" en el mundo y otra es "ser" del mundo. Una cosa es "caminar entre" los del mundo y otra muy diferente es "caminar en pos" del mundo. Una cosa es dar testimonio (impactar) en el mundo y otra completamente opuesta es "integrarnos" en el mundo.

Jesús no pidió que el Padre nos aislara del mundo, sino que nos guardara del mal. Hasta el día de hoy, no he encontrado en algún lugar de la escritura que Jesús nos ordene establecer un comando de inteligencia para elaborar y ejecutar un plan de infliltración en el mundo, de tal forma que no podamos ser identificados y que, por consecuencia, sí seamos aceptados como iguales por toda la humanidad. De hecho, encuentro todo lo contrario. Regresemos un versículo en el capítulo 17 de Juan:


Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. (v. 14, énfasis añadido)


Estamos en el mundo pero no somos del mundo. Llevamos las buenas nuevas al mundo pero el mundo nos aborrece. ¿Será porque las buenas nuevas que Jesús nos encargó que lleváramos incluyen el predicar que la condición del hombre es de pecado y su destino la condenación eterna a menos que se arrepienta, confiese su pecado, ponga su fe sólo en Jesús y viva una vida de arrepentimiento? Sí, estoy seguro que así es. El mundo quiere las cosas fáciles. Sin culpas, sin responsabilidades, sin rendición de cuentas, sin justicia hacia uno mismo, sin acusaciones, sin compromisos.

Lo triste es que hoy, algunos movimientos que se autocalifican de "cristianos", están eseñando (engañando) a las personas que Dios es sólo amor y que su amor incondicional se demuestra en que nosotros, por nuestros propios medios, podemos alcanzarlo y vivir una vida feliz y terminar nuestros días con la seguridad de que no hay justicia que satisfacer a causa de nuestros pecados, por lo que la vida eterna es para todos los que vivan una vida buena y que hayan "caminado hacia la luz" que hayan tenido disponible.



¿Qué tiene que ver esto con el vivir o no "integrados" al mundo? Tiene todo que ver. Cuando se predica y se enseña esto, se le está diciendo al mundo que está bien, que no hace falta Jesús ni su muerte redentora, que el pecado es algo relativo o inexistente y que pueden alcanzar el cielo por su propios méritos. Se les predica que Jesús sólo vino a enseñarnos a vivir y ser felices. Y a los que se consideran creyentes se les envía el mensaje de que ser del mundo está bien, que vivir integrados al mundo es la forma de llevar el evangelio (su evangelio, no el de Cristo) a otros y que no importa lo que hagan y como se comporten ni lo que crean, su lugar en la gloria está garantizado por seguir las enseñanzas de su líder, que por supuesto no es Jesús.

En otras palabras, estos movimientos están diciendo que Jesús es un mentiroso.

Están diciendo que para ser relevantes como cristianos el mundo nos debe amar, para lo cual, debemos ser como el mundo; ser del mundo.

Cuando escuches que algún líder o pastor o predicador o maestro diga que "debemos llevar la fiesta en paz" con todos y que hablar del pecado, del infierno y de la condenación es una actitud agresiva y que "espanta" a la clientela, digo, a los posibles nuevos creyentes, regresa inmediatamente y a toda velocidad a la Biblia. Regresa corriendo a Romanos 6:23, a Lucas 24:47 y a tantos otros pasajes bíblicos que nos enseñan que el hombre es pecador y que merece la muerte a no ser que se arrepienta. Esto es lo que dice la Biblia, lo demás, es sólo doctrina de hombres.




Debemos impactar al mundo, no porque nos creamos mejores o nos veamos iguales, sino porque llevemos en nuestros corazones y nuestras acciones el amor de Dios y en nuestras palabras el mensaje del Evangelio, el que está escrito claramente en la Biblia. El camino no será fácil, pero nos apoya y nos sostiene el Señor de señores, Dueño de todo lo que existe y Salvador nuestro: Jesucristo.


Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
—Jesús (Juan 16:33, énfasis añadido)


¡Levántate y adelante!
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