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Hazme famoso, Señor :: Soliloquio Introspectivo

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Y bueno, me gustaría ser famoso. Sí, famoso. ¡Te imaginas! ¡FAMOSO!... Oye, que palabra tan rara: "F-A-M-O-S-O". "f.a.m.o.s.o". "FaMoSo". Después de repetirla muchas veces, pareciera que pierde significado y es solo una combinación caprichosa de seis letras:
famosofamosofamosofamosofamosofamosofamoso En todo caso, "ser famoso" suena bien. Pero, ¡espera! No, no es esa fama que estás pensando de la que hablo. ¿Cómo explicar este asunto?
Mira, lo que me gustaría es que un día, al pasar frente a dos personas, se escuche la siguiente conversación:
—¡Hey! ¿Ya viste quien va allí?
—Sí, es él.
—¿Cuál es su nombre?
—¿Su nombre? No lo sé. Solo sé que es un un esclavo de Jesucristo, un siervo fiel del Dios Altísimo.
Así de famoso quiero ser. Sin nombre, sin popularidad, sin fama propia...
Que mi vida sea por y para ti Señor: ¡hazme así de famoso!

Oye, ven... ¡Eres líder ahora!

Algo como esto es lo que sucede cuando en nuestras iglesias, nombramos líderes a aquellos que no han sido preparados apropiadamente. Hay un proceso y una capacitación pero, por encima de todo, un llamado que Dios debe hacer para que alguien se convierta en líder*; no es cuestión de "dedocracia" ni de nepotismo.

Y es que, después vienen las pruebas, las batallas, las necesidades de otros, los problemas, la verdadera lucha y...

Aquí, con un poco de humor y de temblor...


¿Lo has visto suceder? ¿Te sucedió alguna vez a ti?



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* Puedes ver Números 27:12-23 y Hechos 16:1-5 y leer la historia de Josué y lo que se narra de Timoteo a partir de Hechos 16, por poner dos ejemplos nada más.