Maestros y Atalayas: una carta abierta para ustedes

El andar de los padres y tutores cristianos es en un solo camino, una sola dirección, pero con varios carriles: uno, el carril de maestro, en la instrucción vivencial de la Palabra, otro, el carril de atalaya, en la advertencia y el consejo de los peligros y engaños en la vida. Ambos carriles conllevan enseñanza y entrenamiento. Pablo le dice a Timoteo que debe ejercitarse para la piedad, y en la instrucción a lo largo de sus epístolas, nos enseña que debemos desarrollar nuestro discernimiento y adquirir la sabiduría que proviene de Dios, como también lo escribe Santiago.

Así que, somos maestros y atalayas, y es nuestro deber y privilegio instruir a nuestros hijos en el conocimiento de quién y cómo es Dios, qué y cómo es su Palabra y cómo caminar en la vida conociendo a ese Dios, el único vivo y verdadero, honrándole con nuestra mente, palabras y acciones. Y no hay otra forma de comenzar a vivir esa vida que le glorifica si no es a través de Cristo.

Estudiar la Palabra, la doctrina bíblica, no es pérdida de tiempo sino todo lo contrario; ¿cómo daremos un consejo sabio a nuestros hijos, para que actúen honrando a Dios y haciendo su voluntad si no conocemos acerca de Dios y no tenemos una relación correcta con Él? ¿Cómo guiaremos los pasos de nuestros vástagos si ignoramos cuál es la voluntad de Dios y los propósitos para sus hijos, plasmados en Su Palabra? No nos confundamos: no hay sabiduría práctica y real aparte de la que Dios puede dar, por su Santo Espíritu, a través del conocimiento de Su Palabra y de la comunión con Él.

¿Merecen tus hijos una vida mejor? ¿Vale la pena invertir tiempo para prepararte para la instrucción de ellos? ¿Qué tan importantes son para ti como para que dediques, no solo tiempo para proveerles del alimento material y horas de entretenimiento, sino de instrucción en las cosas del Señor? Lo más valioso que les puedes dejar en esta vida, es el conocimiento de la vida, pero de la que es eterna en Cristo.

Estemos en comunión diaria con nuestro Dios y llevemos a nuestros hijos a conocerle y a Jesucristo, a quien Él envió.

En el amor de Cristo,

David Franco


Publicado originalmente en el blog "Dejado en el Tintero", 17 de marzo de 2020.

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