Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño;
porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.
Romanos 13:11

Un blog de Ministerios Jesús 24x7®

lunes, 24 de agosto de 2015

La parábola del Futbolista


Había un hombre que se dedicaba a practicar el voleibol. Un día fue invitado a conocer un deporte diferente: EL deporte. Entonces conoció el fútbol, y supo que debía convertirse en futbolista; había sido elegido y llamado para serlo. Ese día "nació" el Futbolista.

A partir de ese día, él entrenaba todo el tiempo que podía. Siempre se presentaba con su uniforme deportivo: playera del equipo, pantaloncillos cortos, calcetas, espinilleras y zapatos de fútbol. Los lunes iba al campo de fútbol y corría, ¡vaya si corría durante varias horas! Los martes hacía calentamiento y practicaba dominar el balón; y sí, poco a poco lo fue dominando cada vez mejor. Los miércoles, junto con todo el equipo practicaba las paredes, los tiros libres, los penales y jugaban en equipo; una experiencia que solo se repetía, con un sentimiento de mayor integración, los domingos que jugaban en el estadio. Los jueves y los viernes cada uno practicaba en el campo sus técnicas individuales y los sábados, los sábados era para el descanso, pero en su mente y en cualquier oportunidad, él repasaba las jugadas practicadas para hacerlas parte de su naturaleza.

¡Qué perfecta era su vida futbolística!

Pero un día, los dueños del equipo decidieron hacer un cambio. ¿Por qué no hacerlo, si finalmente ellos eran los dueños, los que mandaban, los que hacían lo que querían? Pues bien, ese lunes posterior a la junta de la directiva con los dueños, nuestro futbolista llegó como siempre, pero no halló lo de siempre. A la entrada del campo, lo esperaban con un uniforme diferente. Desde ahora, tendría que usar un uniforme "nuevo": playera halter, pantalón largo, calcetines finos y sandalias. En vez de usar un balón de fútbol, tendría que usar pelotas de ping-pong. La cancha de entrenamiento y juego sería reducida al tamaño de una de basquetbol, y las porterías tendrían una forma circular y serían sensiblemente más pequeñas: de dos metros de diámetro. Los miércoles ya no practicarían en equipo, sino que serían sorteados para pasar ese tiempo con la directiva y los dueños jugando al ajedrez. En las prácticas de lunes, martes, jueves y viernes, un enviado de la directiva se integraría con ellos para intervenir en cada jugada, cada técnica y hasta en cada plática y broma. Ya no tendrían entrenadores —porque en el pasado, por reglamento tenían varios de ellos—, ahora habría un motivador profesional que les arengaría constantemente durante las prácticas con algún mensaje dictado directamente por los dueños. Todos conservarían su posición siempre y nadie aspiraría a la posición de entrenador nunca, ya que solo habría espacio para un motivador y los dueños; los directivos realmente serían simples voceros de estos últimos y ningún jugador podría pensar en llegar a convertirse en directivo, ya que los dueños consideraban que habían nacido para ser jugadores toda su vida.

Ese día, el corazón y mente de nuestro futbolista, se convirtieron en una maraña de estambre enredado por las manos de quienes nunca conocieron realmente de fútbol. Ese fue un día muy triste y oscuro…

Pero en algún punto de su confusión, algo iluminó su mente y confortó su corazón; entendió que el fútbol no estaba limitado a ese uniforme, esa cancha, ese equipo y los que se sentían dueños del deporte. No. Dependía de haber sido elegido y llamado para ser futbolista, así que tomó su uniforme anterior, sus zapatos anteriores, su playera anterior, sus calcetas y espinilleras anteriores, y salió corriendo de ese lugar. Descubrió que todo eso "anterior", era en realidad parte de su identidad como futbolista y que su llamado era a jugar fútbol, no a jugar lo que fuera que se les ocurriera a los que se sentían dueños, no solo del equipo, sino hasta del deporte.

Y salió. Corrió. Encontró un nuevo campo donde cumplir su destino: jugó fútbol y se convirtió en entrenador, apegado a las reglas, al reglamento del deporte que lo identificaba y que se había convertido en su vida, desde aquel maravilloso día en que abandonó el mundo del voleibol para siempre.

domingo, 23 de agosto de 2015

Cansancio, no rendición


Me siento extremadamente cansado...

El asunto es este: nunca en mi vida "estar cansado" ha sido sinónimo de "rendirme", pero sí lo ha sido de "tomar un respiro" y en otras ocasiones, de "apartarme": alejarme del mal y no convertirme en cómplice, evitando así deshonrar al Señor.

Y mi experiencia ha sido la que Isaías describe en su capítulo 40, versículos 29 al 31: "El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán". Así que a pesar del cansancio y los obstáculos, continúo corriendo la carrera.

¿Te sientes cansado hoy? Pregúntale al Señor si es tiempo de tomar un respiro o si es el momento de apartarte. Y entonces, con fuerzas renovadas, prosigue a la meta...


Marzo 12, 2015

sábado, 8 de agosto de 2015

Hagamos iglesia según la Palabra

Octubre, 2014


"En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Jua 13:35).

"Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones [...] alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hch 2:42, 47).

"Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo [...] Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe" (Hch 5:42; 6:7).

"Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía" (Hch 11:26).

"Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? " (1 Jn 3:17).

Nuestro modelo de iglesia debe cambiar. No se trata de romper paradigmas, como lo han querido hacer decenas de movimientos alrededor del mundo, como la llamada "iglesia emergente" por poner un ejemplo. Esta ha sucumbido ante la "necesidad imperiosa" de ser relevante dentro del mundo y ha terminado por dejar de lado —reinterpretando, suavizando o alegorizando— enseñanzas importantes de la Biblia, y hasta negando la suficiencia e inerrancia de la misma.

De lo que se trata entonces es de RECUPERAR paradigmas a partir de los principios y narrativas de la iglesia primitiva, la del primer siglo, de la que leemos en el Nuevo Testamento. Los tiempos que vienen serán difíciles, aún sin que exista persecución física para las iglesias bíblicas. También el control y censura de cualquier entidad es, desde mi perspectiva, una forma de persecución.

Esto que les comparto es lo que ya he dicho que ocurriría desde hace algún tiempo: una forma de "iglesia de estado", como hubo ya en tiempos pasados —y está ocurriendo hoy— en China. En el pasado también tenemos el ejemplo de la Alemania de Hitler, y hoy tenemos la idea de Chávez (yo creo que fue su idea) disfrazada de un movimiento nacido en la iglesia católica y algunos protestantes que se hizo llamar "Iglesia Reformada de Venezuela".

Hoy, en los E.U.A., un país "cristiano" por tradición, vemos un primer paso hacia una "iglesia oficial del estado" o por lo menos, a una "iglesia controlada oficialmente" en su operación y doctrina, por el estado.

Estemos orando por estas situaciones, pero principalmente, por que el Señor nos permita "hacer" iglesia de acuerdo con su Palabra, recuperando los paradigmas olvidados e ignorados en nombre de la tradición y de la norma de la conveniencia. Tal vez las iglesias ya existentes no "puedan" regresar, pero no hay razón alguna para que las nuevas no nazcan bajo este esquema bíblico: ser iglesias con Cristo como centro y que busquen que el nombre de Dios sea engrandecido en el vecindario, la ciudad, el país y el mundo; que promuevan el diseño de Dios para la familia (la base) y la iglesia (la integración de familias e individuos redimidos); que sean locales con una geografía que facilite la convivencia diaria como familia de la fe que son; que hagan discípulos y discipulen vivencialmente; que estén preparadas para funcionar bajo cualquier situación política y social; y que transmitan a las siguientes generaciones el modelo bíblico, libre del anhelo de convertirse en megaiglesias o de ser instituciones relevantes para el mundo, bajo la óptica de ese mismo mundo caído.

Necesitamos iglesias bíblicas, sin contaminación de movimientos ni organismos denominacionales decadentes —apartados o que van apartándose de la Palabra—, y que obedezcan al diseño de Dios, pues es el que prevalecerá a través del tiempo y de toda circunstancia o condición que priven en cada época de la humanidad.

Oremos pues, ¡pero actuemos ya!


Aquí unas notas que ilustran lo que he dicho del control sobre la iglesia:

La Cd. de Houston pide revisar los sermones de pastores

China quiere establecer el "cristianismo nacionalista"

... y en Venezuela