Temamos a una oración


Hay una oración a la que todo cristiano debería temer.

Es una que puede ser elevada por alguien a quien le debe estar sujeto porque Dios lo ha puesto como autoridad sobre él o alguien a quien le debe lealtad, protección y cuidado —como su esposa—, porque Dios así se lo ha demandado.

Es la oración que puede surgir de un corazón que busca a Dios y su voluntad y que es elevada en favor de uno que se ha alejado, que a violado su pacto, que ha abandonado la sujeción y que insiste en su pecado.

Es esta oración que dice:

"Señor, he cumplido con lo que me has pedido para guiar, ayudar, animar, exhortar y reprender a este tu hijo y lo he amado con el amor que Tú me has dado para él. Pero Padre, aunque seguiré haciendo lo que tu esperas de mí, hoy lo llevo a ti en oración y te pido que Tú trates con él; yo estaré presto para acompañarle en lo que venga por tu disciplina y corrección. Dame fuerza, paciencia y amor para estar ahí hasta que completes lo que sea que hayas determinado para él".

Hermanos, créanme: no queremos que alguien ore así por nosotros.

"Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere" (Proverbios 3:12).

"Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo" (Hebreos 12:6).

Retomemos el camino, si acaso nos hemos desviado y mantengámonos fieles al Señor en todo.

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