Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño;
porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.
Romanos 13:11

Un blog de Ministerios Jesús 24x7®

lunes, 31 de marzo de 2014

¿Esclavo yo?


Hoy en día, todos quieren ser libres. Libres de la opresión, libres financieramente, libres para hacer lo que les venga en gana, libres de todo. Aún en los escritos cristianos y predicaciones vemos que se habla de haber sido libertados del pecado, lo cual es una bendita verdad, y junto con ese mensaje, se advierte al cristiano que no existe esclavitud alguna, de ningún tipo y bajo ningún maestro o dueño. Y así, se pierde la verdad y el valor de lo que Pablo alguna vez escribió: "Pablo doúlos (esclavo) de Jesucristo". ¡Qué Dios tan maravilloso que a estos esclavos de Jesucristo, también los hace hijos, herederos y coherederos con Cristo!

"Su identidad propia se había redefinido radicalmente por el evangelio. Ya fueran libres o esclavos en esta vida, a todos ellos se les había liberado del pecado; por tanto, al ser comprados por precio, todos habían llegado a ser esclavos de Cristo. Eso es lo que significa ser un cristiano.

"El Nuevo Testamento refleja esta perspectiva, ordenando a los creyentes a someterse a Cristo completamente y no solo como siervos contratados o empleados espirituales, sino como quienes pertenecen por entero a Él. Se nos pide obedecerlo sin preguntas y seguirlo sin reclamos. Jesucristo es nuestro Amo, un hecho que reconocemos cada vez que lo llamamos «Señor». Somos sus esclavos, llamados para obedecerlo y honrarlo humilde e incondicionalmente.

"Hoy en las iglesias no escuchamos mucho acerca de este concepto. En el cristianismo contemporáneo se habla de cualquiera cosa menos de la terminología esclavo. Se habla del éxito, de la salud, de la riqueza, de la prosperidad y de la búsqueda de la felicidad. Con frecuencia escuchamos que Dios ama a las personas incondicionalmente y quiere que sean todo lo que ellos quieren ser, que quiere que cumplan cada deseo, esperanza o sueño. La ambición personal, la realización personal, la gratificación personal, todo esto ha llegado a ser parte del lenguaje del cristianismo evangélico, y parte de lo que significa tener una «relación personal con Jesucristo». En lugar de enseñar el evangelio del Nuevo Testamento, donde se llama a los pecadores a someterse a Cristo, el mensaje contemporáneo es exactamente lo opuesto: Jesús está aquí para cumplir todos tus deseos. Equiparándolo a un ayudante personal o a un entrenador particular, muchos asistentes a las iglesias hablan de un Salvador personal que está deseoso de cumplir sus peticiones y ayudarlos en sus esfuerzos de autosatisfacción o logros personales.

"La comprensión del Nuevo Testamento acerca de la relación del creyente con Cristo no podría ser más opuesta. Él es el Amo y Dueño. Nosotros somos su posesión. Él es el Rey, el Señor y el Hijo de Dios. Nosotros somos sus objetos y sus subordinados.

"En una palabra, nosotros somos sus esclavos."

(John MacArthur, "Esclavo", pp. 14-15)

martes, 11 de marzo de 2014

Todo lo que hagamos será prosperado


Cuando leemos en la Santa Biblia que Dios le dice a Josué que guarde y haga conforme está escrito en el libro de la ley, y que entonces prosperará en su camino y todo le saldrá bien (Josue 1:8), parece que asumimos que si obedecemos a Dios en lo que dice —regla uno, regla dos, regla tres, etc.—, entonces podremos lanzarnos a la búsqueda de nuestros sueños y estos se harán realidad.

Me parece que ignoramos —o fingimos ignorar— lo que realmente está diciendo Jehová Dios y lo que sucede en el corazón de alguien que busca guardar Sus mandamientos: la identidad en Cristo se aclara y fortalece mientras que los sueños egocéntricos se desvanecen, y el corazón y mente empiezan a ocuparse de buscar cuál es la voluntad de Dios para la vida de uno, cómo quiere él que los talentos y habilidades sean usados y cuáles son los dones que el Espíritu Santo está proveyendo para glorificar el nombre de Dios y para edificación de su iglesia.

Y entonces sucede.

Todo lo que emprendemos tiene que ver con la gloria de Dios y con el extendimiento de su reino, y es entonces cuando todo lo que hacemos está alineado con Su voluntad y es prosperado. Nada que ver con "ser niños obedientes" para que Dios cumpla nuestros sueños y caprichos. No se trata de nosotros, todo es acerca de Él.

"Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén" (Romanos 11:36).

miércoles, 5 de marzo de 2014

¿Cuándo hablar?


¿A qué hora? ¿Bajo qué circunstancias? ¿Cuándo debemos hablar las verdades eternas de la Palabra de Dios?

Le decía Pablo a Timoteo: "que instes a tiempo y fuera de tiempo" (2 Timoteo 4:2b). En otras palabras, cuando sea políticamente correcto y cuando sea políticamente incorrecto. Cuando te sientas oportuno haciéndolo y cuando no, también. Las verdades eternas no cambian de acuerdo con las circunstancias que vivimos. Escucharlas cuando todo lo que hacemos va en la dirección correcta, nos da tranquilidad, paz y certeza. Escucharlas cuando lo que hacemos va en contra de ellas, nos reprende, redarguye y nos anima a corregir el rumbo.

El comentario Jamieson-Fausset-Brown lo expone de la siguiente manera: que "seas urgente, celoso en toda la obra del ministerio [...] en todas las ocasiones; sea que ellos consideren oportuno o inoportuno tu discurso. 'Así como las fuentes, aunque nadie saque agua de ellas, continúan fluyendo; y los ríos, aunque nadie beba de ellos, todavía corren; así nosotros debemos hacer todo lo que esté de nuestra parte, en hablar, aunque nadie nos preste atención.' [Crisóstomo, Homilía 30, vol. 5., p. 221]. Creo yo con Crisóstomo que está incluída también la idea de ocasiones cuando le fuera oportuno o inoportuno a Timoteo mismo; no meramente cuando le sea cómodo, sino cuando le sea incómodo...".

"Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.

Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio" (2 Timoteo 4:1-5).

Cumplamos, pues, nuestro ministerio.