Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño;
porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.
Romanos 13:11

Un blog de Ministerios Jesús 24x7®

lunes, 29 de noviembre de 2010

Sostenme la cuerda, yo bajaré al pozo :: Treinta Segundos de Luz


"¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: !!Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!" (Romanos 10:15)

Alguien dijo: "sostenme la cuerda, yo bajaré al pozo". Nuestra oración es parte de ese "sostener" la cuerda para aquellos que van anunciando la paz, esa paz que solo se vive cuando nos hemos rendido a los pies de Cristo Jesús; la paz de saber que nuestros pecados han sido perdonados, que hemos sido justificados delante del Padre y que ahora gozamos de la vida eterna.

Oremos por aquellos a los que el Señor ha enviado a llevar este mensaje; sostengamos la cuerda mientras ellos bajan al pozo en donde los perdidos se encuentran, en la oscuridad del pecado.

¡Ah! Y no olvidemos que testificar de Cristo, es parte de nuestra obediencia a Él (Marcos 16:15).


Treinta Segundos de Luz... que iluminan todo nuestro día

Una nota final: No digas: "Está bien, sostendré la cuerda orando". Decide también sostener la cuerda ofrendando.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Vive para la Eternidad :: Paul Washer

"No somos llamados a construir imperios.
No somos llamados a ser aceptados.
Somos llamados a glorificar a Dios".


Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí (Juan 5:39)

Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente (2 Timoteo 2:4-5)

Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas (1 Pedro 2:21)



lunes, 22 de noviembre de 2010

Dios no castiga, ¿o sí?

Marzo, 2010


¿Dónde lo escuché? ¿Dónde lo escuché?


¿Alguna vez has escuchado a alguien decir: "Yo no creo que Dios castigue a nadie... ¡Si Dios es amor!" o tal vez: "Dios no puede castigar porque Él es misericordioso" o quizás: "No enseñemos que Dios castiga porque eso no es verdad y distorsionamos su imagen"? Yo sí. Algunas veces. Muchas veces.

Y debo confesar que he seguido fielmente ese consejo, ¡Oh sí! Ese consejo dado por ministros en algunas ocasiones, otras por maestros y unas cuantas por hermanos en pláticas informales. Sí, he seguido fielmente (¡cómo no!) esa advertencia: He enseñado a los míos, a mis alumnos, a mis amigos jóvenes y no tan jóvenes que... DIOS SÍ CASTIGA1 Y DISCIPLINA2.

El amooor, el amooor, no deja de ser, tra-la-la, la-ra-la...


Y es que, si bien Dios es amor, es tan solo uno de los rasgos de su carácter y el que más nos gusta (o tal vez debería decir: "el que más nos conviene") y el que más suave llega a los oídos de nuestra audiencia. Pero, ¿eso justifica que anulemos (ja, como si pudiéramos) todos los demás rasgos del carácter de nuestro Dios?

¿Dónde dejamos su santidad (Él es tres veces santo)? ¿Donde está su ira? ¿Dónde queda entonces su justicia?

Es muy peligroso sobre-enfatizar el amor y misericordia de Dios, no sólo porque al hacerlo pretendemos anular otros de sus rasgos y enseñamos solamente una pequeña "parte" de lo que Dios es, sino porque con ello, vamos preparando el camino para que aquellos que nos escuchan, a los que enseñamos, crean en una gracia que les permite hacer de todo. Sembramos la semilla del libertinaje. Estamos cimentando las bases para que crean en la "supergracia", como la llamaría el pastor Chuy Olivares3. Una gracia de la que se puede no solamente "depender", sino abusar: "pequemos más para que la gracia sobreabunde", ¡no pasa nada!

Consecuencias naturalmente lógicas


Si eres padre o madre o estás en alguna posición de autoridad, déjame preguntarte algo: ¿permites que tus hijos o alumnos o subordinados violen las reglas de tu casa, escuela o institución sin aplicar ningún tipo de sanción o castigo? ¿Sííí? ¡Ja, sí, cómo no! ¡Claro que no lo permites! Ahora dime, ¿cómo crees que Dios te permitiría cualquier tipo de violación a sus reglas, sus leyes, sin que hubiera consecuencias y disciplina? Ya hablaremos de esto más adelante.

¿Recuerdas que alguien alguna vez te enseñó acerca de las consecuencias naturales y las lógicas? Las naturales son las consecuencias inherentes (son el efecto, diría alguien más académico) al acto que estás realizando, como por ejemplo, si te han dicho que no fumes pero tú insistes en ello durante una buena cantidad de años, es casi seguro que te enfermarás de algo relacionado con las vías respiratorias y el cáncer. Esta es una consecuencia natural. Si en tu adolescencia fue tu padre el que te prohibió fumar so pena de quitarte el privilegio de, digamos, usar el automóvil, seguramente te descubrió en algunas ocasiones y entonces sufriste las consecuencias lógicas que eran, quedarte sin poder usar el auto. Este último era un castigo. Pero, espera, ¿acaso tu papá no te quería y por eso te castigaba? ¡Qué mal padre!

¡Pero te digo que Dios no castiga! ¡No, no y no!


Me pregunto que dice Romanos 3:23, ¿tú lo recuerdas? "Porque la paga [la pena, el castigo] del pecado es muerte". (¡Uf! ¡Que alguien arranque esa página de Romanos!) Bueno, bueno, pero al fin y al cabo, ese castigo ya lo libramos, ¿qué no? Entonces ya no queda nada "malo" para nosotros, los hijos de Dios, ¿cierto?

¡FALSO! ¡Falso como un billete de 2.50!

Mira, Dios permite que nos ocurran cosas "malas" que no necesariamente son un castigo. ¿Recuerdas a Job? ¿Recuerdas que Pedro fue pedido por Satanás para ser zarandeado? (Luc. 22:31) ¿Recuerdas que Pablo tenía una enfermedad (aguijón, lo llamó él) que Dios nunca le quitó (2 Cor. 12:7-9)? Bueno, estos no fueron castigos (Dios tenía un propósito específico en cada caso), pero a la vista nuestra, fueron cosas "malas" que les sucedieron. Sin embargo Él usa cualquier situación en nuestra vida para mostrarnos, al final del día, su voluntad y todo, absolutamente todo, termina siendo de bien para los que le amamos (Rom. 8:28). Menciono esto para que no confundamos "las cosas malas que ocurren en nuestra vida" con "el castigo y disciplina" del Señor.

Pero entonces, ¿qué con la disciplina y el castigo? Pues sucede que Dios nos disciplina cuando nos alejamos de sus caminos; cuando comenzamos a caminar a un lado del camino angosto y como que queremos enfilar hacia una vereda más amplia. Es ahí cuando las consecuencias vienen invariablemente. A veces como una confrontación directamente desde su Palabra, a través de un hermano en la fe (familiar o amigo), en una predicación o en la llamada de atención de algún líder de nuestra iglesia. Pero a veces, en formas más severas, como una enfermedad, estrechez económica, problemas diversos... ¡Que si lo sabré yo!

"Pero, pero, Dios es amor, es misericordioso, no puede castigar a sus hijos a los cuales ya perdonó y les dio vida eterna" —me dirás—.

Efectivamente, a sus hijos, los que verdaderamente los son, que han nacido de nuevo, ya los justificó, los perdonó y los salvó, pero ahora que son sus hijos, tiene que formarlos y eso implica que debe aplicar su disciplina. Así que pensar que Dios por ser amor, omite todo castigo y disciplina a causa de nuestro pecado es incorrecto. Pero por favor, no me creas a mí. Créele a Él.

Quiero aclarar algo muy importante. Una vez que has nacido de nuevo y has pasado a ser hijo de Dios, Él jamás, déjame repetirlo, jamás vendrá a ti como el Juez justo e implacable sino como el Padre amoroso que es. Y como Padre amoroso, se asegurará de terminar la buena obra en ti, aunque esto signifique que tengas que ser metido en la fragua y disciplinado de vez en vez o de manera frecuente, Él sabe.

Evidencia contundente


¿Has tenido la oportunidad de ver los versículos que hablan del castigo y disciplina que Dios ejerce sobre los hombres? Te invito a que revisemos algunos de ellos.

Job 5:17
He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; Por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso.

Proverbios 3:12
Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.

Proverbios 3:11
No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección;

Isaías 13:11
Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes.

"Ah, bueno, pero estás hablando del Antiguo Testamento, David, eso fue antes de la Gracia, ¿o no?" —estarás pensando—.

Bueno, pues entonces vayamos al Nuevo Testamento, ¿te parece?

1 Corintios 11:32
mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

Mateo 24:44-51
Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Romanos 3:5
Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.)

Apocalipsis 3:19
Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

Hebreos 12:6
Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.

Hebreos 12:7
Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

Hebreos 12:8
Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.

Hebreos 12:11
Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Permíteme abundar solo un poco más sobre Hebreos 12:6.

"Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo".
Para entender a que se refería el autor de la carta a los Hebreos al hablar de “disciplina” y de “azotar”, veamos como se lee en el original.

La palabra en griego que se tradujo por “disciplina” es paideúo (παιδεύω paideúo; entrenar a un niño, i.e. educar, o [por impl.] disciplinar [por castigo]:-aprender, castigar, castigo, corregir, disciplinar, enseñar) mientras que la palabra para “azotar” o “azota” es mastigóo (μαστιγόω mastigóo; flagelar [lit. o fig.]:-azotar).

La idea que vemos aquí, aunque bien “azota” puede tomarse como figurativo, se refiere a tomar acciones concretas para la formación del carácter pero también en la aplicación de una pena por una falta, para educación y para corrección, como se hace con un niño. Nunca para destrucción. Pero la disciplina y el castigo son patentes en el actuar de Dios para con sus hijos.

Y bien, pues aunque habría mucho más que decir respecto de este tema (no hemos tocado la historia del pueblo de Israel o la historia de Ananías y Zafira en Hechos capitulo 5, por ejemplo), quiero dejarte con una pregunta muy importante:

¿Has experimentado la disciplina de Dios en tu vida? No respondas inmediatamente. Piénsalo.

Otra vez: ¿Dios te ha disciplinado algunas veces desde aquel día en que te convertiste?

Si tu respuesta ha sido "No", permíteme alertarte: no estás siendo tratado como hijo por Dios, por favor, te encarezco, revisa en que has creído. Y es que, nadie es perfecto y todos necesitamos de su disciplina. Te invito a que repases nuevamente las buenas nuevas de Dios. Haz clic aquí y lee este artículo, con un corazón humilde y deseoso de atender a lo que el Señor quiere decirte en esta hora.

Si tu respuesta es "Sí", gracias a Dios, estas siendo tratado como un hijo por el Señor, lo cual quiere decir que, ¡eres su hijo! Ahora déjame preguntarte algo más: ¿Has estado creyendo y tal vez enseñando que Dios, por ser amor, no disciplina ni castiga? Por favor, revisa cuánto has estudiado acerca de Dios, ¿le conoces bien? Nunca es tarde. Te invito a que escuches esta serie de estudios que te ayudarán a conocer más de cerca a tu Creador. Es importante. Es necesario.

Una palabra final


Siempre que toco estos temas con mis hermanos, principalmente los jóvenes quienes “van iniciando” su caminar con el Señor, procuro hacer una advertencia en el amor del Señor. Es la misma advertencia que Él me dio un día y que en ocasiones no atendí, por lo que recibí Su disciplina, severa firme y efectiva, ¡hoy le alabo y le agradezco por ello!

Permíteme compartir contigo esta advertencia:

Cuando entiendas en su Palabra cuál es Su voluntad para tu vida, cómo quiere que te comportes y vivas, por favor, te lo ruego, obedece a la primera. Cuando Dios nos tiene que repetir sus mandatos, nunca podemos estar seguros de la forma en que lo hará.
¿Qué prefieres: que Él te hable o que use un megáfono para que le escuches?




1 La Real Academia Española, dice:

castigar
(Del lat. castigāre).
1. tr. Ejecutar algún castigo en un culpado.
castigo
1. m. Pena que se impone a quien ha cometido un delito o falta.
pena
(Del lat. poena).
1. f. Castigo impuesto conforme a la ley por los jueces o tribunales a los responsables de un delito o falta.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

2 La Real Academia Española, dice:

disciplinar
1.tr. Imponer, hacer guardar las normas o la disciplina:
2.Azotar por mortificación o por castigo.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

3 Chuy Olivares, pastor de Casa de Oración México en Guadalajara, Jalisco, México.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¡No le llames evangelismo!

Si hoy en día estás involucrado en el trabajo de tu iglesia, sobre todo el relacionado con las misiones y el evangelismo, no es difícil que en algún momento, en el pasado o en el futuro, te hayas encontrado o te encuentres en medio de argumentos e ideas como las que siguen:

  • Necesitamos buenas/nuevas estrategias para evangelizar.
  • Prediquemos el evangelio de manera eficaz.
  • Planeemos los siguientes 10 ó 20 años de trabajo de la iglesia, el evangelismo incluido, con una visión, un sueño que todos compartan, que sea atractivo y que pueda ser consensual y apropiado por/para todos.
  • Seamos cuidadosos al testificarles a otros: no hablemos inmediata y directamente del pecado; recordemos que Jesús siempre suplió las necesidades de la gente antes de hablarles de la salvación.

Y tantas otras ideas y frases que viajan de boca en boca y que se van convirtiendo en “palabra inspirada” por efectos del añejamiento y no por haber sido tomadas directamente de la Biblia.



Por favor, ten cuidado.

Sí, sí, entiendo que cuando alguien habla de predicar de manera eficaz, podría tener la idea correcta con respecto del término “eficaz” y estar haciendo referencia a la forma “completa y apropiada” para que se cumpla el propósito de Dios al presentar el mensaje de salvación. Pero también estoy conciente de que muchas veces, se dice “eficaz” en vez de decir “amigablemente” y con “inteligencia” con la connotación de que hablemos “suavecito” y “elocuentemente” para que la gente no se espante. ¡Cuidémonos de no pensar así! Hablar con amor no significa callar o disfrazar la verdad.

Salir a testificar. ¿Quién? ¿Yo?


Recientemente tuve una discusión con respecto de la actividad de testificar y salir a evangelizar a la calle. Se me dijo que no podíamos poner esa carga a los hermanos pues si no podían –o no querían, diría yo– participar en esas actividades, entonces era como hacer juicio de su comportamiento u obediencia o era como querer hacerles sentir mal por no participar. ¿¡Queeé!? ¿Te imaginas? Yo digo: ¡¡¡Pues que se sientan mal!!! ¿Qué acaso no debemos “sentirnos mal” por no obedecer lo que nuestro Señor Jesucristo nos ordenó? ¿Soy llamado a “cuidar” que mis hermanos no se “sientan mal” y entonces callar lo que dice la Palabra de Dios? Entonces habría que arrancar, literalmente, todas las páginas de la Biblia en donde Jesús mismo, los discípulos y los profetas confrontaron a los hombres y mujeres con su comportamiento, sus errores, sus desobediencias, sus PECADOS… Así que, ¿debemos cuidar que nadie “se sienta mal” al tomar la Biblia y leerla? ¡No nos confundamos! Dice en 2 Timoteo 3:16: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (el énfasis es mío). ¡Mostrar con la Palabra de Dios lo que hacemos mal, lo que hay que corregir, es parte de la utilidad de ella!



Sí, también sé que no es necesario tener una actividad en la que se salga a la calle o a un parque a testificar para que realmente estemos cumpliendo con la Gran Comisión, sin embargo, uno de los pretextos que muchos cristianos ponemos para no testificar a nuestros familiares, amigos y conocidos es que “no sabemos cómo” y yo pregunto: ¿y cómo sabremos cómo si nunca comenzamos, si nunca lo hacemos la primera vez? No quiero abundar mucho en este tema, pues el asunto no es si hay que salir a la calle o no sino más bien, el tema es que pareciera que algunos líderes cristianos buscan evitar confrontar a los creyentes con la necesidad de OBEDECER y, principalmente, cuando se trata de hablar del evangelio (Marcos 16:15). Entonces, ¿hemos sido llamados a calentar bancas?

[ Sólo por si acaso hemos olvidado la importancia que Dios le da a nuestra obediencia…
“Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y dijo: Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que ordené a sus padres, y no obedece a mi voz” (Jueces 2:20, énfasis mío)
“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”. (1 Samuel 15:22, énfasis mío)
“como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia” (1 Pedro 1:14, énfasis mío) ]

Y... ¿Dónde quedó la estrategia?


¿Y qué de las llamadas “estrategias de evangelismo”? Por ejemplo, se dice que hay que organizar brigadas médicas y de ayuda, eventos, obras de teatro o conciertos (de cualquier tipo de música) en la iglesia para que otros se sientan atraídos y vengan a escuchar el evangelio. Incluso, he leído de "estrategias de infiltración", ¡qué cosa! Es más, se habla de llevar estos eventos a otros lugares como parques, hospitales, teatros, etc. La idea detrás de esto es que debemos atraer al perdido con algo que sea, precisamente y siendo redundante, “atractivo”. No estoy en contra de estas actividades. No mientras estas se consideren como parte del servicio que debemos llevar a otros (sin olvidar amar y servir primero a nuestros hermanos –1 Juan 3:23–), pero no como “estrategias de evangelismo” pues terminan siendo, en algunos casos cuando no se entrega un mensaje bíblico completo, actividades que “prometen”, desde la perspectiva del que recibe la asistencia, suplir sus necesidades “siempre y cuando se integre a nuestra iglesia”. No se les puede llamar “evangelismo” a estas actividades.

Quisiera aclarar tres cosas importantes. Cuando digo que estoy de acuerdo con estas actividades si se consideran como parte del servicio que debemos llevar a otros, de ninguna manera quiero dar a entender que como iglesia debemos convertirnos en una entidad de “Servicio a la Comunidad”. Llevar ayuda a otros en el nombre de Cristo SIN llevarles el evangelio es una aberración: “Te doy de comer o te curo una herida hoy y te privo de saber cual es la solución para tu pecado y para la eternidad”. Aberración y crueldad.

Es interesante lo que K.P. Yohannan, presidente de “Gospel for Asia” (Evangelio para Asia), dice en su libro “Revolución en las misiones mundiales” en relación con este tema.

Él plantea que el diablo ha inventado un sistema de “verdades a medias” (mentiras, al fin y al cabo, digo yo) para engañar a la Iglesia y asegurarse de que millones irán al infierno sin haber creído en el Evangelio y menciona tres de ellas:
  • “¿Cómo podemos predicarle el Evangelio a un hombre con el estómago vacío?”
  • “El servicio social –proveer sólo para las necesidades físicas del hombre– es trabajo misionero, de hecho, es equivalente a predicar”
  • “Nadie escuchará el Evangelio si no les ofrecemos antes algo más”
¿Te suenan conocidas estas “medias verdades”?

El segundo asunto es que hoy se les llama “estrategias de evangelismo” pero no son sino ayuda social o bien, estrategias relacionales o de acercamiento (por ejemplo, a grupos particulares o especiales como niños de la calle, drogadictos, etc.) que me recuerdan a la forma en que los misioneros se han acercado, desde siempre, a las comunidades a donde el Señor los lleva. Estas actividades no son evangelismo en sí mismas, pero son estrategias que nos permiten acercarnos a la gente para evangelizarlos. El evangelismo es el “modo” o “sistema” para presentar el mensaje del Evangelio, pero no se refiere a las actividades (y en algunos casos, estratagemas) para llamar la atención sino a la forma en que se entrega el mensaje mismo: la condición desesperada del hombre (de pecado y condenación eterna), el amor de Dios mostrado en la obra redentora de Jesús, el arrepentimiento y fe necesarios para la salvación. Todo lo demás no es evangelismo. Y el problema no es de semántica sino de praxis. Me explico: En muchas de estas actividades, cuando llega el momento de presentar el mensaje de salvación, lo que realmente se hace es hablar de los problemas y las necesidades y de que Cristo es quien puede proveer y solucionar todo. Y de pronto, se hace el llamado a que “acepten a Cristo en su corazón haciendo una oración” para ser salvos. ¡Pero a la gente no se le ha dicho de qué será salvada! Si acaso, se menciona que Cristo le perdonará sus pecados pero, ¿acaso la persona entiende lo que es ser pecador? Y de cualquier forma, ¿¡qué es eso de pecado si todos creemos que somos buenos!?


¿Te das cuenta? Al momento de presentar el mensaje del Evangelio, casi dejamos a un lado la Biblia y recitamos solamente: “porque de tal manera amó Dios al mundo” y nos olvidamos de hablar de “la paga del pecado es muerte” y de hablar de la ley que nos muestra y nos enseña que somos pecadores (Romanos 7:7) sin esperanza alguna (Romanos 3:23), sucios, sin valor, rebeldes contra Dios (Salmo 51:1-5). ¿O acaso nos preocupa que nos consideren unos locos por hablar de esto en esta forma y que por ello la gente rechace “nuestro mensaje”? Si esta es una de nuestras preocupaciones, haríamos bien en leer lo que dice 1 Corintios 1:18. O tal vez será que nos preocupa que nos rechacen a nosotros…

El tercer asunto es que no estoy diciendo que planear y prepararse para evangelizar esté mal o que no debamos hacerlo. Claro que debemos hacer todo con orden; nuestro Dios es un Dios de orden. Planear, prepararse y organizarse para salir a evangelizar como iglesia son actividades necesarias. Ayudar a otros es importante y más importante aún, es que “mientras vamos”, llevemos el mensaje de salvación a toda criatura. Tener estrategias para poder acercarnos y llegar a otros para servirles y presentarles el mensaje de salvación puede sumar a la tarea de llevar el Evangelio.

Ahora bien, estar listos en lo personal para poder ser testigos fieles y hablar de Cristo en los lugares y ámbitos en los que nos movemos y desarrollamos, también requiere de preparación y orden y no precisamente de estrategias. Y cuando digo preparación y orden no me refiero necesariamente a una preparación formal en un instituto, sino a una vida devocional que nos lleve a una relación íntima con Dios y su Palabra. Finalmente, nuestra relación con otros puede ser usada por Dios para que nosotros testifiquemos, con nuestro estilo de vida y con nuestra boca.

Primero ayudando y después salvando


Hay algo más que quiero mencionar. No puedo dejar de pensar en que muchos creen y promueven que Jesús siempre vio primero por las necesidades de las personas antes de hablarles de la salvación. No podemos ni debemos generalizar de esta manera. Mira, quiero mostrarte algunos ejemplos que son contrarios a esta aseveración para poder dejar en claro este punto, que es muy importante debido a que he escuchado (y leído) varias veces y de diferentes personas esta “creencia”.



1. Los primeros mensajes de Jesús hablaban de arrepentimiento, no de sanidad y ayuda al desvalido: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). ¿Era un mensaje de amor? Sí, sin lugar a dudas. ¿Era un mensaje “suave”? No, de ninguna manera. Lo que Jesús les estaba diciendo era algo como: “Están viviendo equivocadamente, en rebelión contra Dios. Sus vidas y sus obras no sirven y no alcanzan para entrar al reino de los cielos. ¡Den la media vuelta y dejen su forma de vivir!”. ¿Así o más directo?

2. La mujer samaritana (Juan 4:1-42). “Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber” (vv. 6, 7). ¿Qué le pidió la mujer a Jesús? ¿Le solicitó algún milagro en su salud o en su economía? No. Jesús fue quien inició la conversación. Y durante esta conversación, Él la confrontó con su pecado. Cuando le pidió que buscara a su marido, Él sabía que ella no era casada y que vivía en amasiato con un hombre (después de haber estado casada con 5 hombres anteriormente). La confrontó con su pecado de adulterio. Le hizo ver su condición humana, alejada de Dios. Jesús no le solucionó problema o necesidad alguna como “estrategia” para convencerla. Jesús le confrontó directa e inmediatamente y, con amor, le habló de la salvación.

3. Nicodemo (Juan 3:1-15). Nicodemo era un fariseo, “un principal entre los judíos”. Vino a Jesús pero no para pedirle que le sanara o le prosperara. Tampoco a que le resolviera un problema familiar. Jesús le confronta con su naturaleza (la carne) que le imposibilita para entrar en el reino de Dios y le muestra que solo naciendo de nuevo, podrá ver ese reino (vv. 3-6). Nuevamente, no hay milagros, no hay “asistencia social” o “ayuda médica”, solamente un mensaje difícil y directo; real y verdadero.

4. El joven rico (Mateo 19:16-30). Sí, vino a Jesús con una necesidad: quería que alguien le confirmara que era heredero de la vida eterna: “Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?”. Era rico y no hay evidencia de que padeciera alguna enfermedad. Tampoco este joven menciona algún problema en su familia, así que su pregunta –para él, retórica, pues confiaba en su justicia propia– era lo único que le trajo ante Jesús. El Señor lo confronta de inmediato con su forma de vida al cuestionarlo respecto de seis mandamientos. El joven creía que era de conducta intachable, tanto, que le dijo a Jesús que había cumplido con todo ello a la perfección desde pequeño. Esto lo vemos cuando él mismo dice que todo esto ha guardado y pregunta, como queriendo dar a entender que lo demás está totalmente cubierto, “¿Qué más me falta?”. Jesús finalmente lo confronta con su mayor problema, su idolatría (1er y 2o mandamientos): las posesiones materiales. Conocemos el desenlace de la historia. Una vez más, no encontramos que Jesús haya atendido primero alguna necesidad física o económica de este hombre. Hubo una pregunta a la cual, nuestro Maestro respondió con un cuestionamiento directo que podríamos poner en las siguientes palabras: “¿Amas a Dios por sobre todas las cosas? ¿Has cumplido cabal y permanentemente la ley?”. La respuesta fue un rotundo “NO” (¡nadie jamás podría responder “sí” ante semejante cuestionamiento!), pero esa palabra no fue pronunciada por el joven; el “no” vino de su tristeza y sus acciones: “Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (v. 22).

¿Necesitamos más ejemplos? Podríamos también leer de los apóstoles. De hecho, te invito a que revises por ti mismo la forma en que Pablo, por ejemplo, presentaba el mensaje de salvación.

Tengo amigos y hermanos en Cristo a los que estimo y amo en el Señor que creen y hacen lo que he comentado con respecto de las estrategias y de las "medias verdades". Es más, sé que yo mismo en el pasado hubiera defendido en parte algunas de estas cosas. Pero Dios es claro en su Palabra y aunque sea doloroso y me genere problemas con mis hermanos, debo decirlo. Debes decirlo también tú. Debemos hablar alertando acerca de esto pero más que hablar, debemos actuar y hacer lo que nuestro Señor nos ha ordenado.

¿Podemos establecer estrategias para servir a otros y acercarnos a la comunidad o a grupos específicos de personas? Sí, siempre y cuando no caigamos en la trampa de pensar que estas son “evangelismo” en sí mismas, pues corremos el riesgo de creer que a través de ellas, convenceremos a otros para rendirse a Cristo; quien convence al hombre de pecado, de juicio y de justicia es el Espíritu Santo, no nuestra elocuencia. Podemos, sí, siempre y cuando no diluyamos el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo al poner tanto énfasis en estas actividades de tal forma que acaben por convertirse en lo más importante para nuestra iglesia, sin importar el mensaje que estamos llevando. Tengamos siempre presente que la “estrategia” bíblica para evangelizar es hablar de acuerdo con lo que la Escritura nos enseña; ni más ni menos. Evangelismo es predicar el mensaje de salvación, las buenas nuevas de manera bíblica: completo y directo pero con amor, tal como lo hacía nuestro Maestro.

Obedecer, testificar, evangelizar … ¿No debería ser parte de nuestra vida cotidiana?

Dejemos de poner énfasis en las estrategias y llevemos el mensaje ya: ¡Solo Cristo salva!



Una comentario adicional respecto de las estrategias.
En nuestras actividades personales y de grupo siempre estamos relacionándonos. En nuestras actividades como iglesia, deberíamos saber ya cómo relacionarnos con la comunidad a nuestro alrededor. Estas estrategias relacionales deberían emanar del amor de Cristo en nosotros y deberían ser parte de nuestra naturaleza y no un “plan sintético” de tareas a realizar para acercarnos a nuestros vecinos. Medítalo.